La caída del telón de la temporada taurina 2026 obliga inevitablemente a girar la mirada más allá de las figuras principales del escalafón de matadores, novilleros y rejoneadores para reconocer la labor imprescindible de quienes sostienen el engranaje de la fiesta desde la calle y el callejón: picadores y banderilleros. En un interesante análisis publicado por Cultoro, seis nombres propios —cuatro hombres de plata y dos de oro— han desgranado los entresijos de una campaña maratoniana, marcada por la superación de paseíllos al margen de los toreros integrados en el selecto Grupo Especial (el cual agrupa a quienes superan las 36 corridas de toros).
Entre los varilargueros, el sevillano Manuel Jesús Ruiz Román «Espartaco» lideró la estadística con un despliegue titánico de festejos acompañando a una amplísima nómina de espadas, secundado de cerca por el salmantino Alberto Sandoval, quien firmó un curso de 76 actuaciones. Sandoval compaginó compromisos con figuras emergentes y consolidadas como Manuel Diosleguarde, Alejandro Marcos —con quien hizo la campaña de la Copa Chenel— y un Julio Norte al que acompañó desde su etapa novilleril hasta la alternativa y más allá. Sin embargo, el grueso de su temporada estuvo ligado a Marco Pérez, a quien respetó en exclusiva a partir de septiembre tras ingresar el joven prodigio en el Grupo Especial. Con la vista puesta en 2027, Sandoval confirma su continuidad junto al salmantino, a la espera de definir su posible incursión en los cosos de América.
Por su parte, el escalafón de plata encumbró de manera absoluta a Iván García. El exmatador de toros cerró la campaña de 2026 con la friolera de 91 festejos a sus espaldas, destacando de forma sobresaliente sus 21 tardes pisando el exigente albero de la madrileña plaza de Las Ventas. Aunque su temporada ha girado en torno a su sólida alianza profesional y personal con Pablo Aguado —a quien define como una fuente constante de inspiración artística—, García ha sabido responder a la confianza de otros espadas como Borja Jiménez, Morenito de Aranda y los novilleros Álvaro Serrano y Julián Osornio. Más allá de su reconocida maestría en la colocación de los palitroques, el diestro madrileño reivindica el valor supremo de la lidia: descifrar las claves del oponente para allanar el camino de su jefe de filas. Una filosofía de entrega y sacrificio invernal que volverá a teñir de compromiso su temporada de cara a 2027 junto a Aguado.


