El diestro Román ha firmado un balance notable en los ruedos europeos, apuntalando su sitio gracias a hitos de peso como sus dos salidas a hombros en la Monumental de Las Ventas y un acumulado de veinte apéndices cortados en su trayectoria en la primera plaza del mundo, cifras que reafirman su singularidad dentro del escalafón.
Lejos de los moldes convencionales, el torero valenciano ha sabido conectar con los tendidos madrileños a través de una propuesta basada en la entrega absoluta y una tauromaquia de emociones intensas. Tras sobreponerse a encierros de alta exigencia, como el lidiado en su última comparecencia donde un utrero final le permitió redondear la tarde, Román subraya que el mayor temor en una plaza de máxima categoría no es el riesgo físico, sino el fantasma del fracaso.
Esa autoexigencia se refleja en los galardones acumulados, destacando los premios a la mejor estocada cosechados tanto en la Feria de San Isidro como en el ciclo de Bilbao, reconocimientos que avalan su eficacia con los aceros. Para el torero, cruzar la Puerta Grande mantiene intacta la magia de los grandes acontecimientos, conservando como reliquias los chispeantes de las tardes más memorables.
Con la mirada puesta en el futuro, Román prioriza la solidez del trabajo diario por encima de la saturación de contratos, manifestando su interés por consolidar su proyección internacional en plazas de gran solera en América como Colombia, Perú y México, donde busca seguir ensanchando su concepto del toreo.


