Alejandro Fernández, Emilio Ricaud y Miriam Cabas intrascendentes. "Marrón", pan con lo mismo.
La ganadería guanajuatense de "Marrón" ha enviado una novillada para el festejo de triunfadores muy al estilo del que nos tiene acostumbrados. Animales débiles para cuidarlos con pinzas y con una bondad borreguna, que ni con ello, pudieron los espadas desorejarlos. Justitos y terciados de presencia, astas con sospechas de un "retoque" antes de saltar a la arena, sin malas intenciones y nobles en general. El cuarto del festejo tuvo que ser devuelto por su manifiesta debilidad, sustituido por uno de la misma dehesa.

Hoy ha quedado claro que hay apoderados que pesan en las decisiones de un grupúsculo de super sabios del toreo, que tuvieron en sus manos el determinar el ganador del certamen novilleril el día de hoy, en el festejo de triunfadores en el Nuevo Progreso de Guadalajara. Tras haberse lidiado cinco novillos por igual número de espadas y ninguno de ellos lograr el corte de apéndices, quedó en las manos de estos insignes personajes el nombrar a César Ruíz como el acreedor al trofeo "Manuel Capetillo", aun cuando los méritos para obtenerlo estaban en los trastos de Cristóbal Arenas "El Maletilla", novillero pachuqueño que había cuajado los momentos de mayor torería de un festejo largo y de poco contenido.
El Matador en el retiro Guillermo Capetillo en compañía del Maestro Escultor Santiago Flores, fueron los encargados de entregar el reconocimiento que lleva el nombre del "Mejor Muletero del Mundo" al ganador de este.
César Ruiz (rosa y oro) es un joven bullidor, es animoso e intenta todo, pero la vena artística está lejos de su alcance. En el segundo de la tarde que le correspondió en suerte, un novillo noble, claro y que acudía al primer toque, solo logró una tanda por derecha y otra al natural de buen trazo, pero sin ajustarse jamás. El resto fue un concierto de pases despegados, desabridos y escasos de temple. Pinchazo y estocada muy caída para salida al tercio, pero el joven hidrocálido quiso darse por sus ínfulas la vuelta al ruedo, ante el rechazo popular y el jalón de orejas discreto de su apoderado, el matador Manolo Arruza. Después del atraco con el que se le reconoció como ganador del certamen, lidió un sexto novillo como premio, perdiéndose en una labor tan larga como anodina.

De Cristóbal Arenas "El Maletilla" (albo y plata) debe acotarse la afición que desborda el chamaco hidalguense de veinte años. Con el cuarto bis, que sustituyó al inválido que le correspondía, ha dejado en el ruedo tapatío los pasajes de mayor interés del festejo. Vemos un importante avance desde su tarde anterior a ésta, en la que se ha visto más asentado y gustándose en la ejecución de las suertes. Faena en la que mostró ambos lados de la res, dejándole la muleta muy en la cara al novillo para traerlo en largos derechazos y naturales de buena factura, ajustados y rematando las series con solera y buen toreo. La espada le birló la oreja a ley que ya tenía en la espuerta, quedando todo en una salida al tercio, aunado al despojo del que fue víctima por el jurado, que le pasó de noche su quehacer artístico para arrebatarle el trofeo, pero no el cariño de la gente que lo despidió al cruzar el ruedo hacia la puerta de cuadrillas, con una sonora ovación y el deseo del volver a ver en una futura fecha.

Miriam Cabas (burdeos y oro) es todo sonrisas y simpatía, una chica que vende rostro al tendido, pero que sus habilidades en la muleta y el terrible manejo de la espada serán factores para que esta sea una actividad que no le dará de comer en un futuro. Tiene buenas maneras con el capote, posee buena conexión con la gente, pero el calvario empieza cuando pierde la noción de la faena que está realizando y se empecina en dar muletazos a diestra y siniestra sin ningún tino. Y no hablemos de la suerte suprema porque ahí se pone peor el asunto. Dejó una espada sumamente defectuosa, esperando una eternidad para que doblara el astado, cosa que no hizo y ante la presión del palco se extravió en un sin fin de descabellos, que gracias a la bonhomía de la persona que calienta el palco de la rampante autoridad, no se le fue vivo tras dos avisos.
Del eterno Alejandro Fernández (azul turquesa y oro con sus 32 años a cuestas) que se regaló por su cuenta una salida al tercio y del abúlico Emilio Ricaud (albo y pasamanería negra) que se fue silenciado, hay muy poco o nada que acotar. Es perder el tiempo el dedicarles algunas líneas, cuando deberían estar encaminando sus pasos a actividades productivas o a los negocios familiares, ya no estorbar y quitar los espacios a novilleros que puedan despuntar. ¿Alguna alma caritativa que les quiera dar la alternativa?



