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Columna de Juan Michel
Opinión

Barbacoa en el Toreo: La crónica que desafió al poder

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Hay pasiones que no se eligen, sino que se heredan en la sangre, en las sobremesas familiares y en el aroma a papel periódico que flotaba en la sala de la casa. Nací bajo el cielo de Querétaro, tierra de honda raíz ganadera y cantera noble, pero la vida y el corazón me trajeron a echar raíces en Guadalajara, una ciudad que vive y siente la fiesta de los toros con una categoría y una exigencia muy particulares.

Desde muy joven tuve el privilegio de asomarme al toreo a través de una mirada excepcional: la de mi tío, Don Carlos Septién García. Para el mundo de las letras y del periodismo nacional, él fue una de las plumas más lúcidas, éticas y valientes de su tiempo; para la fiesta brava, fue aquel cronista que, resguardado tras el seudónimo de "El Quinto", escribía de toros no solo con una prosa impecable, sino con una verdad y un valor civil que pocas veces se han visto en el periodismo taurino.

En mi memoria y en mi archivo personal se quedaron guardadas decenas de anécdotas, charlas, crónicas de época y pasajes casi olvidados de nuestra tauromaquia. Historias de cuando el toreo no solo llenaba plazas, sino que también dialogaba de tú a tú con la política, el arte y la sociedad mexicana.

Por eso nace este espacio en Inter-Toros. Mi intención no es venir a dar cátedra, sino abrir una tertulia cordial entre amigos. Quiero compartir con ustedes esas memorias familiares, desempolvar los textos y vivencias de Carlos Septién, y rescatar del baúl del tiempo aquellos sucesos que forjaron la grandeza de nuestra fiesta. Sean todos bienvenidos a este rincón donde el pasado y la afición vuelven a darse la mano.

Y para muestra de la audacia y el filo con el que ejercía el oficio, quiero comenzar esta primera entrega recordando una tarde célebre de 1943. Una jornada donde la pluma de "El Quinto" no se detuvo ni siquiera ante la figura del mismísimo Presidente de la República, regalándonos una de las crónicas satíricas más brillantes y valientes que recuerde nuestra tauromaquia:

El 1 de agosto de 1943 , en el toreo de la condesa

Barbacoa en el Toreo: La crónica que desafió al poder

Se desató una bronca fenomenal , en un cartel conformado por Juan Estrada , Luis Procuna y Félix Briones , estoquearon un encierro de la ganadería del rodeo

El encierro fue chico y manso , la gente enardecida , destruyó lo que pudo de la plaza y en pleno ruedo quemaron los restos del sexto de la tarde

Un castaño … el castaño expiatorio

Carlos Septién García bajo el seudónimo “El Quinto”, tuvo el valor de publicar una crónica de ese festejo , siendo el ganadero de El Rodeo, el general Manuel Ávila Camacho .

Barbacoa en el Toreo: La crónica que desafió al poder

EL CASTAÑO EXPIATORIO

"Mi General:

¿Se acuerda usted de mí? Fui en vida aquel castaño que nació en las dehesas de El Rodeo hace cerca de tres años. Ese mismo que el domingo encontró la muerte más indecorosa que toro alguno haya encontrado en un ruedo: la muerte por barbacoa.

Sí, mi General. Reconozco que mi físico no era precisamente gallardo y que mi bravura no era cosa de bandera. Pero usted bien sabe que todo ello no fue nunca culpa mía. ¿Cómo iba yo, uno de tantos seres insignificantes que en torno de usted viven, cómo iba yo, repito, a pedirle que sacrificara alguna de sus múltiples ocupaciones en beneficio de los pupilos de El Rodeo? ¿Quién era yo para dirigirme a usted con semejante súplica? Pasábamos hambres, mi General. Nos faltaban frecuentemente el pasto y el grano. Allá en los potreros teníamos que hacer largas colas frente a las bateas del alimento con objeto de poder lograr alguna cosa para el diario sustento. Hacer cola, mi General, significa hacer paciencia. Es decir, perder bravura. Y la falta de maíz no es el método más adecuado para lucir un hermoso trapío. Le confieso que muchas veces pensamos mis hermanos y yo, en dirigirnos a usted para hacerle conocer tan dura situación; nos animaba a ello el conocimiento que teníamos de su afición desmedida. Pero luego, prudentes, recapacitábamos pensando que también hay una jerarquía de las aficiones. Y que por sobre la de los toros están lasY comprendí que yo, mi General, no era un toro sino un chivo expiatorio. Que era, digamos, algo así como lo que fuera entre los burócratas ese pobre trotsky que murió durante el asalto a la Federación de empleados. Que, en fin, yo moría entre torturasqué terribles agravios que hasta la fecha, por lo visto, habían venido soportando.

Y lo que yo pido frente a eso es una aclaración, esa sí verdaderamente importante y justiciera, que salve nuestro decoro y valorice nuestro martirio. La Empresa debe mandar publicar algo que diga más o menos así:

Barbacoa en el Toreo: La crónica que desafió al poder

'La Empresa de El Toreo, ante el injusto sacrificio de que fue víctima el sexto toro de la corrida del domingo y las también injustas protestas de que fueron objeto los anteriores bureles corridos esa tarde, aclara que los toros de El Rodeo no poseen doscientos trajes de diversos colores, ni han comprado edificios de varios millones de pesos, ni son elementos que hayan tiranizado a toreros, ganaderos y empresarios de la fiesta de toros, ni son tampoco los que han protegido la reventa. Mucho menos, dichos bureles son los causantes de la carestía de la vida, ni tampoco se han enriquecido desmesuradamente al amparo de alaguna situación de emergencia que haya habido en las dehesas. Ninguno de ellos tuvo durante su existencia aspiraciones de sultán criollo, ni ofendió a nadie con exhibiciones deslumbrantes de lujo o de riqueza. Por todo lo cual, esperamos que el público comprenda la injusticia cometida con esos pobres bureles tatemados o acojinados el domingo en tan violenta forma'

Y esto, mi General, salva nuestro decoro y nos coloca en el debido papel de mártires inocentes que la existencia nos obligó a jugar. Fuimos un símbolo de aprobio, pero usted sabe bien que éramos inmaculados. En mí la gente incineró qué sé yo cuántas piezas de casimir inglés y cuántos automóviles de los que nunca disfruté. Y como en los tiempos de la Inquisición, hubo allí una quema habiéndome correspondido en ella el doloroso papel de efigie.

Barbacoa en el Toreo: La crónica que desafió al poder

Espero y confío, mi General, en que se nos haga justicia. Es lo único que le pide este humildísimo servidor que jura -para un remoto caso de reencarncaión- no volver a nacer en El Rodeo. Ni, probablemente, en todo Puebla.

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