Una de las sagas con mayor arraigo, tradición y solera en la crianza del toro bravo en Castilla-La Mancha ha perdido a uno de sus pilares fundamentales. A los 82 años de edad ha fallecido el reconocido ganadero Mariano Arroyo, dejando una huella imborrable y un profundo pesar en todos los mentideros taurinos de la región.
Nieto, hijo, hermano y tío de criadores, el desaparecido ganadero representaba la continuidad de una estirpe unida desde hace más de un siglo al universo del toro. Al frente de la vacada familiar junto a su hermana Carmen Arroyo Martín, supo mantener vivo el proyecto que en 1962 arrancó su progenitor, Leonardo Arroyo Albarrán, quien formó el hierro utilizando reses de procedencia Gandarias y Viuda de Cruz.
Asentada en la emblemática finca Malabrigo, situada en el término municipal toledano de Ventas con Peña Aguilera, la ganadería encontró en el purista encaste Núñez su seña de identidad más genuina. Con una antigüedad oficial fechada el 25 de julio de 1974, la divisa se ha consagrado por derecho propio como un referente histórico de la cabaña brava castellano-manchega.
Su marcha deja un vacío irremplazable en su círculo más cercano, aunque su devoción y su legado continuarán latiendo con fuerza a través de los suyos. Su esposa, su hermana Carmen y sus sobrinos Fernando, Leonardo y Alfonso Guzmán Arroyo seguirán custodiando la esencia de una familia entregada por completo a la tauromaquia. Descanse en paz.


