Reloj Taurino
| Aguascalientes, Ags. (MEX) - Los tres alternantes levantaron orejas ayer en el nimbo de la San Marcos |
| Escrito por Sergio Martín del Campo (Corresponsal) - MEXICO |
| Lunes, 08 de Marzo de 2010 11:42 |
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Ayer domingo se derramó la tercera novillada de la campaña en el coso del barrio de San Marcos que se ha anotado una entrada renglón abajo en comparación de las dos primeras funciones, y que llegó a ser de media plaza; para el efecto se soltaron de los chiqueros seis reses quemadas con la marca de Torrecilla, terciadas de tipo y cuajo –tres muy chicos y tres de mejores carnes-; cuando fueron requeridos en la prueba de los filos, la mitad se rajó –primero, cuarto y sexto-, en tanto que el resto cumplió. El mejor del encierro resultó ser el jugado en cuarto lugar; un animal musculado, alto de agujas, bien armado y que al ser incitado por la muleta embistió transmitiendo bastante con su arrancada franca, abierta y galopada. Dos presentaciones se llevaron a entidad, la del venezolano Alejandro Chacón y la de Lorenzo Garza Gaona; la del primero fue en exclusiva y estricta asignatura referente al coso viejo de esta ciudad, pues ya se había presentado en rango de novillero con caballos en el Rancho del Charro; mientras que la de Garza Gaona fue como novillero con picadores en México. El venezolano Chacón logró cortar una oreja a su segundo novillo, mientras que Garza Gaona hizo lo propio dejando buena impresión, esta vez más que nada por un temple que usó de manera adecuada y en el momento que se requería. Gerardo Adame mientras, reeditó otro triunfo cortando una oreja al primero de su lote y dando una vuelta al ruedo en su segundo; no se midió en esfuerzo, como debe hacer todo pretendiente a matador de toros, y con sus ya conocidas cualidades acrecentó su cartel en el ambiente taurino de su ciudad natal. Elementos muchas veces demasiado absurdos como la mansedumbre acentuada del ganado y la invasora inexpresión de un joven, en este caso con el nombre de Alejandro Chacón, ayer tarde dieron en realidad un primer número insulso que a pesar de que anestesió el ánimo de la concurrencia, lo soportó en silencio respetuoso. Por lo menos a forma de bonificación, el sudamericano le marcó el fin a su intrascendente presentación con una estocada decorosa, de percusiones mortales rápidas. Aunque animosa su segunda muestra capoteril, también lo fue descalibrada y embarullada; el novillo por su naturaleza acudió a los cites transmitiendo fabulosamente, virtud que el venezolano no pudo aquilatar con mando y temple, si no desperdició con jergazos en los que ni por error dejó los pedestales bien entibados en el suelo; tras la mitad del supuesto trasteo, el público le hizo saber su contratorerísmo, silbándole música que aumentó al pasear una absurda oreja –luego de matar con estocada contraria-, que la autoridad concedió, equivocándose pensando que el multicéfalo la pedía, cuando lo que exigía en realidad era el arrastre lento a los restos del bóvido. Gerardo Adame, para dar franca obertura a la mejor parte de la tarde, creó una labor capotera variada y sin sacrificio de la clase; igual de hinojos que clavado como una jara en la carpeta de arena, se inspiró en verónicas y tafalleras para hacerse acompañar del ole profundo. En el pasaje muletero ascendió aún su intervención, misma a la que dio inicio con una serie de cambiados por la espalda en el exacto punto central del círculo sanmarqueño. El bovino tuvo algo de clase, sin embargo adoleció de la casta básica; con ello desarrolló Gerardo su toreo clásico, de finura, y además enseñó más que otras veces, su canilla virtuosa, así fuera al torear con la diestra que al echarse el engaño a la de cobrar. No quedó exento de un maromón –ya por desgracia habitual en él-, antes de hacer valer una estocada delantera y caída, para posteriormente levantar en su mano derecha un apéndice. Nuevamente con verónicas formidables, llevándose en la cintura las embestidas del novillo; así alegró y emocionó al dar la bienvenida al quinto de la función, segundo de su lote; el remate a revolera hecho, además fue en el justo instante que el de Torrecilla pidió. Ese astado sufrió la metamorfosis de res prestada para al toreo en los dos primeros tercios a galimatías cuando se le presentó la muleta; se quedaba corto, lanzaba una cuchillada, y cuenta se daba en cada una de ellas lo que tenía a su lado. Gerardo varias veces se lo pasó sabrosamente por la faja a modo de naturales, sin embargo no pudo articular tandas más extensas, toda ocasión que luego de cada pase de esos se quedaba en el terreno que el utrero tenía dominado. Mató de una hábil estocada golletera y en premio se paseó en ovacionada vuelta al ruedo. El trabajo que Lorenzo Garza Gaona dejó en el redondel con el capote resultó desgraciado, muy a pesar de que al simular el remate del quite la banda se “arrancó” con una diana sin razón ni consecuencia. Como en contraria hoja fue su quehacer con la jerga púrpura, ya que la manejó con atino y temple, logrando en esa base momentos lucidos por los dos flancos, pese a las malas condiciones del novillo, que fue rebrincón y manso, y que toda vez que pasó siguiendo el engaño lo hizo con la testa en las alturas. Lamentablemente Garza Gaona le mató de un golletazo, que aunque indecoroso por su colocación, no evitó se le otorgara una oreja que el público demandó. El tresañero que soltaron para abrochar la fiesta resultó realmente peligrosísimo; pegaba arreones hasta a su propia sombra, desarrolló sentido a partir del segundo mismo en que asomó sus pitones en la arena, se terciaba y probaba todo movimiento de los que osaron ponerse en el trayecto de sus pésimas y arrolladoras embestidas. El chamaco nieto de Lorenzo el magnífico, aunque se equivocó técnicamente en ciertos momentos de su quehacer, siempre derramó con generosidad una actitud como para aplaudirle. Con todo aquel cerro de dificultades, jamás se extinguió su ánimo y eso el público lo apreció aplaudiéndole. Se deshizo del animal endiablado batallando en serio, y ya que señaló varios pinchazos dejó tres cuartos de estocada a manera de bajonazo. |






