Reloj Taurino
| Entendiendo al Toro |
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| Escrito por Abelardo Reyes - MEXICO |
| Sábado, 06 de Marzo de 2010 11:08 |
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¿Es usted conciente de cuántos momentos en una corrida está distraído de lo que pasa en el ruedo? Yo se la respuesta… muchos, y mas ahora que una corrida de seis toros suele durar hasta tres horas –sin regalito- y peor si en la corrida reina la monotonía. Pero, ¡cuidado!, en la menor distracción puede usted perderse el detalle más importante de la corrida. Don Gregorio Corrochano afirmaba que: “para ver una corrida de toros es condición indispensable no perder de vista al toro. Donde está el toro, está la corrida. El que solo mire al torero ve la mitad. Hay que mirar al toro y al torero, pero primero al toro. Todo gira en el ruedo alrededor del toro, que no solo es el protagonista, sino el objeto del espectáculo. El espectador que distrae su vista del toro, en aquel instante deja de ver la corrida”. Al mirar al toro, no solo vemos lo que éste hace, sino lo que hacen con él los toreros. Y relacionando lo que hace el toro y la intervención del torero, que esto es la corrida, juzgamos. No olvidemos esta premisa: el toreo es en función del toro, y en efecto, esto que parece tan simple, es la realidad absoluta de la fiesta brava, quien no sigue con detenimiento y atención el comportamiento del toro, no podrá entender cabalmente lo que pasa en el ruedo, porque donde está el toro está la corrida y sin toro, obviamente no hay lidia ni hay espectáculo ni hay nada, por eso es tan importante saber entender al toro para saber ver el desarrollo de la lidia, entonces, hay que observar al toro desde su salida, si esta es natural –en el sentido de las manecillas del reloj- o contraria, si trota o galopa alegremente, si remata en los burladeros al menor asomo de un capote, y luego en los lances de recibo, estar atentos si lo hace con la cara baja o alta, si lo hace con nobleza o tirando cornadas, si pasa de largo o acorta las embestidas, si dobla natural o contrario, etcétera. Viene luego una parte importantísima que es el tercio de varas, donde nos daremos cuenta de la bravura o mansedumbre del astado, para esto veremos la distancia desde la que el toro se arranca al caballo, si empuja con fuerza –metiendo los riñones- y con la cabeza fija abajo del estribo o simplemente hace una pelea cobarde ante los picadores, tratando de quitarse la vara, cabeceando al estribo o saliendo suelto, con lo que estará manifestando mansedumbre. Igualmente importante es observar si el animal arrastra los cuartos traseros o dobla los delanteros ya que la falta de fuerza será también factor determinante en el desarrollo de la lidia. En las banderillas, si embiste con temple y desde largo, será buen indicio de su comportamiento en la muleta aunque esto no es una regla infalible, el toro que da muestras de nobleza y bravura en banderillas, puede cambiar en la muleta, quizá porque acuse el castigo en varas o por una inadecuada lidia de su presunto matador, y algunos mas porque simplemente y de manera sorpresiva “se rajan”. En la faena de muleta habrá que apreciar si el toro echa la cara arriba o si se queda corto en sus embestidas, o si es pastueño, noble y de largo recorrido, en cuyo caso el torero está obligado a dar la gran faena. Cuando el toro sale bronco y duro, habrá que “lidiar”, que no es otra cosa que utilizar los recursos del toreo para resolver la situación con solvencia. Lo que procede en este caso es el toreo por bajo o por la cara, utilizando la muleta como instrumento de castigo. Toreo que bien ejecutado también está lleno de arte y belleza, tanto que una faena poderosa realizada ante un toro manso o definitivamente peligroso rematada con una gran estocada, merece tantos premios como la que se hace con temple y reposo al toro noble y repetidor aunque en nuestros días, esta clase de faenas está casi en el olvido. No olvidemos que el toro verdaderamente bravo estará fijo durante toda la faena en la figura de su lidiador, y la muerte lo sorprenderá casi siempre en los medios, sin haber proferido una queja, sin haber regateado una embestida, sin haber abierto el hocico. Finalmente, para ver los toros no se puede ser un acusador permanente, hay que saber manifestarse a tiempo y con argumentos, con mayor razón en estos días en que priva la postura de que “todo es un fraude”. Por supuesto que el fraude del “afeitado” existe, como también existe el de lidiar novillos por toros y becerros por novillos, y esto está haciendo un daño tremendo a nuestra Fiesta. Hay que estar en guardia y atacar cuando se debe, pero no cuando se quiere, por puro capricho. Ver los toros con una mezcla de rigor, pasión y criterio sería lo ideal, aunque no suele hacerse de este modo. |









