Reloj Taurino
| Arturo Macias y su campaña española |
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| Escrito por Raúl García - MEXICO |
| Viernes, 08 de Enero de 2010 08:32 |
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Amigos aficionados, nos guste o no, hoy por hoy el tema de moda en todos los coloquios taurinos es la inminente campaña española del diestro aguascalentense Arturo Macías, apodado “El Cejas”. En días pasados tuvimos la oportunidad de ver en video el festejo en el que alternó mano a mano con el madrileño José Tomás en la Plaza México, el cuál debido a las exigencias del español no fue televisado. Una grabación a nivel de ruedo con buena calidad y gracias a Dios, sin los comentarios comprometidos de los locutores que comúnmente hacen las narraciones, solamente con el sonido original de la plaza. Nuevamente comprobamos que el toreo de José Tomás es más un mito mediático, que en realidad el figurón que su mercadotecnia nos quiere vender. Una faena tozuda a su primero y estocada de lentos efectos para vuelta al anillo; una oreja en su segundo y más esfuerzos infructuosos en su tercero y en el que regalo. Si lo que hace José Tomás lo hiciera cualquier otro torero, sería un vituperio, pero al de Galapagar todo se le perdona. Y aún así, a pesar de tener plaza a favor, toritos de su elección y un alternante en teoría a modo, el “chirrión se le volteó por el palito”. Una plaza con casi 35 mil forofos del “Manolete resucitado”, un encierro muy terciado, cómodo de astas y de apariencia jovial para la que se dice la plaza más importante de América, y un muchacho que es todo valor, pero que carece de personalidad propia, parecía el marco ideal para que el “Divo” se entronizara a ese lugar de “consentido” que pocos toreros han tenido en el coso metropolitano. De Macías hay que reconocer que ha dado la mejor faena de su vida torera en ese segundo animalillo del festejo, una res tan noble como débil, nunca brava, que no tiraba una cornada aún aventando el pitón, a la que correctamente se le negó el arrastre lento, premio tan devaluado en dicha plaza, gracias a su público altamente sensible pero poco entendido del comportamiento de un auténtico toro BRAVO. Aún así el hidrocálido no se ha salvado de una paliza a los inicios de su faena, al ser arrollado por el animal, para de esta forma aprovechar el desaguisado y vender al respetable la primera parte de la famosa obra de teatro en dos actos intitulada “Dejadme solo” y granjearse así la simpatía popular. Ha dejado un magnifico quite por gaoneras, en la propia cara de José Tomás. Y la faena de muleta ha sido francamente buena. Hemos visto al Arturo Macías que podría funcionar como torero importante, en tandas con son y ritmo, templando y rematadas correctamente. Tal vez en una sola de ellas el nivel de la faena bajó. Cierra su labor con fuerza y deja una estocada recibiendo de lentos efectos. Para ser premiado merecidamente con las dos orejas de la res. ¿Y después de toda esta euforia, que pasó con los otros dos toros? Cuando se esperaba que viniera el triunfo realmente importante, Arturo Macías, el torero, regresó a ese personaje cantinflesco y grotesco llamado “El Cejas” tan alabado y socorrido en los pueblos. Un mamarracho sin ton ni son, viéndose por debajo de sus oponentes (aunque estos eran más que malos). Para que en el sexto de la función ser testigos de la segunda parte de su representación teatral con la consabida asistencia para sacarlo del ruedo maltrecho. Ante la falta de un triunfo del español, el público ávido de contar algo a casa, izó en volandas al nacional para sacarlo por la puerta grande del coso de Insurgentes. Y todos felices y contentos. ¿Pero que pasó con Macías entre su primer y su segundo toro? Pues nada que volvió a la triste realidad de solo aprovechar a los bureles con condiciones propicias para el toreo artístico, suavotes, nobles y de franca embestida; y desdibujarse por completo en sus dos enemigos posteriores, animalillos que pedían el “carnet” para lidiarlos con inteligencia y poder, pero al no poder hacer en la México el “show cavacista” de los rodillazos, topes a la cabeza del toro, mordidas de pitón, desplantes arrojando lejos la muleta y abriéndose la chaquetilla del traje ante reses de dudosa edad e integridad de astas y estocadas defectuosas de derrames espectaculares y mortales por necesidad, pues el resultado era evidente. ¿No se supone que las verdaderas figuras deben poder con todo tipo de toros y dar la cara en todas las plazas? ¿Qué ha pasado con este mismo Matador en sus comparecencias en la única plaza de toros que queda con seriedad en nuestro país en la que sale el auténtico toro y que se llama Guadalajara (nombre maldito para todos los farsantes del arte taurino -léase Zotoluco, Ortega, Mejía, José Tomás- que son desenmascarados al pisar su ruedo)? Nada de nada, totalmente intrascendente, tarde tras tarde en que se ve anunciado. ¿Una faena de buenas facturas ya es suficiente para entronizar como figura a un chico que es buen prospecto? Se anunció en fechas pasadas que Antonio Corbacho, llevará los destinos del mexicano en suelos ibéricos, buscando torear aproximadamente unas 40 corridas. Por lo que Macías viajará próximamente a establecer su “cuartel” por las tierras del “oso y el madroño”, llevando el firme propósito de refrendar su nuevo “título” de figura mexicana del otro lado del Atlántico. A favor de paisano podemos decir que su juventud, su carisma y el buen apoderado que ha agarrado le pueden dar festejos en aquellas tierras. En contra acotamos que su falta de personalidad, ser una burda copia de José Tomás, las características propias del toro español; la exigencia a tope en las plazas que pretende pisar tales como Sevilla, Madrid, Valencia, etc.; el nacionalismo español y condiciones menos cómodas a las que está acostumbrado, pueden echar por suelos su travesía. Madrid no es la Plaza México ni por equivocación. Su público no por algo es catalogado como el más conocedor del mundo. El toro que sale ahí es un millón de veces más serio, más fiero y más bravo; aún a pesar de pertenecer a aquellas ganaderías que se identifican como “comerciales”, a diferencia de las “babosas rumiantes” que acostumbra matar por aquí, Ya veremos con ojos de incredulidad al famoso “Tendido Siete” madrileño rendido ante un arropón o un desplante de rodillas del “Aluvión” mexicano. Allá la cosa es de verdad, no como aquí en nuestra patria, aunque nos duela, ya que vivimos una parodia llamada “fiesta taurina nacional”. Solo bastará con preguntarle a Manolo Mejía, a Zotoluco y recientemente a “El Pana” como los trataron los hispanos. Mario Aguilar, “El Payo”, Arturo Saldivar, “Calita” y Joselito Adame se han hecho de un nombre y de un prestigio tras varios años de andar la legua en España, no de la noche a la mañana; pagando aún con su propia sangre, el precio para estar en el ánimo de los empresarios y los aficionados europeos. El propio Sebastián Castella, siendo un torerazo, apenas el año pasado ha sido totalmente aceptado por los aficionados de Las Ventas, ya que su condición de francés era un óbice que tuvo que superar. Así que nuestro paisano, o se pone a tono ante la exigencia de las “grandes ligas del toreo” o en su defecto, no se preocupen, para la feria de Aguascalientes ya habrá regresado a su casita para ver la temporada española por Internet y seguir viviendo cómodamente en el medio taurino mexicano, en el que para ser “rey” basta con ser tuerto en esta tierra de “ciegos” a millares. ¡Hasta la próxima! |
Comentarios (2)
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Domingo, 10 de Enero de 2010 21:36
Tomás Atilano
Ya es hora de que un torero mexicano haga algo importante en España, y al Cejas, hay que concederle el beneficio de la duda. Tiene con que triunfar, si los toros lo respetan, y es lo que le deseo. En cuanto a que es una copia burda de José Tomás, discrepo de tú opinión, no se le parece en lo más mínimo. Saludos.
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Viernes, 08 de Enero de 2010 17:46
Carlos Toris
Definitivamente quiero ver al Cejas en España, yo no soy un gran fanatico de su tauromaquia pero hay que reconocer que le llega a mucha parte del universo que componemos los aficionados, como dije antes, a mi no me gusta como se expresa en el ruedo pero le deseo lo mejor.









